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GRAMATICA POLÍTICA

Por Luis Sexto 

Tal vez pueda parecer un juego de palabras. Me arriesgo a utilizarlo, porque, a fin de cuentas, no creo que haya otra manera de desenvolver la charla de hoy. ¿A quién no le gusta que lo convenzan? ¿A quien le gusta que lo venzan? Ese es el tema. Vencer o convencer. Y como vemos, son verbos afines, provienen de la misma raíz, aunque emplean distinta metodología en su aplicación. 

La primera lección sobre estas palabras y su diferencia, las recibí de un oficial de la Marina de Guerra Revolucionaria. Dicho así, era el menos apto para hacerlo. Era militar. Y el militar habitualmente da órdenes. Ese es el lenguaje natural e insustituible de los ejércitos. Y el subordinado las cumple, le gusten o le disgusten. Me habían pedido aceptar, siendo yo soldado, una determinada función. Mi voluntad decidía el asunto: no era una orden, sino una propuesta. Yo dudaba. Mis compañeros me asediaron: acepta, acepta, y me argumentaban las ventajas de una decisión positiva.  

Al fin, un día me presenté al alférez Le dije que sí, que aceptaba. Y él, que conocía de mi reticencia previa, me preguntó: ¿Vencido o convencido? Y la pregunta no era un jueguito de palabras. Aquel oficial sabía que un hombre vencido, esto es, movido por los argumentos de la fuerza, no resulta muy confiable. Es preferible convencerlo, moverlo con la fuerza de los argumentos. Eso ocurrió en mi juventud. Pero sigo pensando que vencer o convencer son términos primordiales del lenguaje político. Que se excluyen. Y que no pueden confundirse. Usted puede vencer al enemigo. Pegarlo al suelo. Pero quizás nunca logrará que llegue a entender las razones que usted tiene para combatirlo. Ahora bien, a amigos, aliados, simpatizantes, electores, ciudadanos, usted ha de convencerlos. Es decir, hacerlos cooperar en la aceptación de cuanto usted les propone.  

Esa es la teoría. Y como ocurre con toda teoría, a veces sufre su distorsión, pues existen aquellos que entienden que político es el nombre que se le da al mando vestido de civil. Y si hay que volver a explicar, porque de primera intención nadie entendió, se utiliza el grito o se saca a escena el peso de “mi cargo”, que algunos creen haber recibido del aire. Claro que algunos no entienden porque no quieren; otros, porque les cuesta más. Pero en ambos extremos, lo que ha de predominar, desde el punto de vista político, es la fuerza y la veracidad de los argumentos. Por momentos estos faltan. O sobra la incapacidad para saberlos exponer.  Permítanme una moraleja: es cierto que se ha de confiar en el pueblo. Pero, sobre todo, es preciso ganar la confianza del pueblo. (Publicado en Juventud Rebelde)     

10/02/2008 12:55 Luis Sexto #. Política



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