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OPINIONES LARGAS Y CORTAS

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 Por Luis Sexto

La doble moral es, a mi parecer, el problema ético más grave de la sociedad cubana. ¿Sabemos en verdad qué es la doble moral? Al menos sé que no se trata de una moral de uso y otra de repuesto, como una muda de ropa. Más bien hablamos de la que adopta dos –o más- caras, dos visiones, dos criterios, dos conductas ante la gente y las cosas. Una actitud y un actuar poliédricos…

A veces la remitimos exclusivamente a la vida familiar: a la infidelidad. El varón con dos mujeres, dos casas. Todo doble. Pero eso no es cuanto se puede aportar en la definición de la doble moral. Su alcance atañe a la salud política, social, cultural, ética de la sociedad. Hace mucho que estamos en contra, al menos con las palabras, de que alguno diga sí pensando que es no. Que estime de bueno esto o aquello, y luego, en otro sitio, diga que es malo. O salgamos de donde hemos aplaudido y en los pasillos empecemos a destilar la inconformidad…

Así de tortuosa, irreverente, clandestina resulta la doble moral.  Unos 20 años atrás, pregunté a un especialista su parecer sobre el teatro cubano de entonces. Publiqué su opinión, tan elogiosa que percutía los tambores del triunfalismo. Días más tarde, ese mismo experto, en una reunión que no era para publicar, dijo todo lo contrario. Le exigí cuentas. Mi periódico había hecho el ridículo. Me dijo muy orondamente que el tenía dos opiniones: una corta y otra larga. Y me había respondido con la larga. Es decir, la publicable. La sin conflicto.

Ya no vale la pena juzgar a ese compañero, muy competente y ya difunto. Lo básico es reflexionar de modo que lleguemos a saber porqué una persona inteligente, preparada, prestigiosa, teme repetir en público lo que dice en un ámbito escueto con toda certeza y justicia. No conviene ponerse a tirar cañonazos contra los que obran de esa manera, sin intentar explicarnos las causas de la llamada doble moral. Bombardear el efecto sin apuntar la razón última -o penúltima, que a más no puedo aspirar en este breve espacio-, equivaldría al ejemplo del perro que quiere morderse la cola…

¿Uno practica acaso la doble moral, porque es perverso? Podría ser. Pero lo que si no parece ser es que muchos seamos perversos y finjamos por el gusto de fingir. Me niego a aceptarlo. A mi entender, la sociedad ejerce determinada presión para que, en términos generales, florezca la doble moral: el pensar una cosa y obrar como si se pensara otra; exigir de los demás que actúen de una manera y luego actuar de manera opuesta. De ahí, de ese enconchamiento, de ese proteger lo más interior de uno, proviene esa otra manifestación que llamamos unanimidad. ¿Alguien en contra? Nadie. Qué raro.

Así sucede en ciertas asambleas laborales, sindicales y de otra especie. Uno calla lo que podría servir como un nuevo enfoque, algo distinto a cuanto se está diciendo o creyendo, pues, quizá, si expresara su parecer, saltaría alguno de la masa o de la mesa como si fuese a… comérselo. Sí. Esa es la palabra, aunque parezca impropia. Lo he visto con frecuencia en mi ya añoso quehacer periodístico. Y cuantos arremeten contra “el hereje” creen que el mundo, el nuestro, se despedaza si un prójimo expone un criterio contrario al mío o al nuestro. Vaya. La intolerancia, en su tuétano, expresa el miedo a no saber defender las ideas que uno sostiene. ¿Y de verdad las sostenemos si somos incapaces de defenderlas racional y civilizadamente?

Claro, el que práctica la doble moral no es inocente. Ni totalmente víctima. Cómo mínimo yerra por pusilánime. Y sin ánimo de pose magistral, deduzco que la doble moral y su derivado la unanimidad –tan ligadas, por la otra cara, al oportunismo- dañan a la sociedad cubana. ¿Cómo sabremos que el que dice estar hoy con nosotros, mañana no estará en la posición contraria? No todo el que dice compañero, lo es. Pero hay que llamar a todos compañeros y dejar que, en efecto, este o aquel lo sean o no lo sean, con franqueza y libertad. (Publicado en Juventud Rebelde)   
13/12/2007 09:42 Luis Sexto #. Ética



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