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DUPORTÉ: HABANA-MADRID

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Por Luis Sexto

He vuelto a visitar a Duporté. Me alegré por su presencia en el mismo sitio de 15 años antes. Y porque su obra ha crecido y también se le ha extendido más  el reconocimiento fuera de nuestras fronteras. Me reveló una primicia: el 3 de octubre de 2007, en la galería BAT (www.galeriabat.com), cerca del Bernabeu, en la capital de España, se inaugurará una exposición de su obra titulada: Jorge Pérez Duporté. Acuarelas Habana Madrid.

Fue, si mi almanaque sensorial no me falla, a principios de la década del 90 cuando llegué a su casa por primera vez. Quería entrevistarlo. Había llegado yo a la comunidad de Las Terrazas, en el lomerío oriental de la Sierra del Rosario, cerca de Candelaria, Mariel y Artemisa, en los límites entre las provincias de Pinar del Río y La Habana, con el propósito de escribir un reportaje sobre aquel milagro vegetal y arquitectónico –cuyos datos usted encontrará en el archivo de mi blog, con el título de Esplendor y fantasía. Allí supe de su existencia.

No es difícil interpretar mi interés de entonces al saber que en ese lugar apartado vivía desde 10 años antes un pintor, dedicado fundamentalmente a recrear la flora de este sitio, cuya mayor gloria radica en haber partido de la esterilidad y la desolación para convertirse, por mano de hombres, en reserva mundial de la biosfera. Y lo fui a ver. Conversamos. Y más tarde la revista Bohemia publicó aquella conversación donde Duporté confesó su amor por la flora, la naturaleza, y en particular por la de su patria y la de Las Terrazas. Ya lo reconocían internacionalmente por su vocación ecologista. Célebres, entre otras especies,  son sus orquídeas. Y también sus visiones de las flores y plantas que José Martí, el apóstol de la independencia nacional, mencionó o describió en su Diario de Campaña, y las que aparecen en la obra del novelista mayor Alejo Carpentier.

De aquel viaje regresé muy impresionado por la línea del pintor, tan fina como la cuerda de un violín, tan delicada como el ala de un colibrí…

Hace poco, apenas 15 días, regresé a su casa. Han pasado tres lustros de nuestro primer encuentro. Tal vez pude pensar que ya no estaba allí; él que había nacido en el extremo opuesto, en Guantánamo -1945-, podía haberse marchado buscando mayor contacto con el tráfago social. En fin, especular es propio de hombres. Y de periodistas.  Pero afortunadamente  persevera en su vocación y en su apego a aquel espléndido silencio de Las Terrazas. Su recuerdo más recurrente, según me dijo en aquella entrevista inicial, era el jardín de su mamá.  Jardín que él sigue multiplicando con la mano sutil de quien se acerca a la vida con la pura bondad del que ama. Y hace.




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