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DIÁLOGO CON MI OMBLIGO

20061210032449-entrevistas.jpgPor Luis Sexto                                             

¿Tendré derecho? Quizás me lo nieguen cuantos me atribuyen una devoción desmesurada a la primera persona y estiman que está bien hablar de uno mismo, pero ¿pretender que lo entrevisten? “Usted exagera, señor...” 

¿Por qué habría de exagerar si llevo más de 30 años entrevistando personas, difundiéndoles sus pareceres, sus milagros, sus anónimas querellas, y a veces no he recibido  el mínimo cordial de la gratitud? De ello, de ingratitudes, puedo hablar durante varios tomos. A veces me acuerdo de aquel artista cómico en cuya casa estuve casi 16 horas; a la semana publiqué la entrevista -seis páginas en Bohemia-, y al mes no me reconoció.

-¿Y usted no lo odia?-No odio ni a los ricos.

-¿Y qué piensa de ellos?-¿De los ricos? Ah, solo los considero un lujo.

Y con un lujo no se empalmaría mi deseo de ser entrevistado. Sería más bien una revancha por las décadas que he mantenido estacionada la lengua. O un desahogo, porque uno habla con menos embarazo de sí mismo cuando alguien lo interroga; al menos vela, con la justificación, el descenso a la intimidad.

-¿Y de la ingratitud qué opina?

-Es uno de los tres defectos que más detesto. Los dos otros dos son el prejuicio y la estupidez.

-Defina la estupidez.

- Es decir, por ejemplo, que huelen a rosas los hedores de un basurero.

-¿Y de lo feo...-La suprema fealdad radica en la ausencia de ternura. La Bestia pareció amable a la Bella cuando dejó de ser fiera, a pesar de las garras y los colmillos.

-¿Es usted siempre tan parco?

-Por momentos soy, incluso, mudo. Hay que acogerse al silencio: calla para decir.

-¿Confía en la gente?

-Habitualmente. Pero desconfío del que dice “hago lo que puedo”. Porque quién nos asegura que no puede hacer más.

-¿Por qué usted escribe?

-Baruc de Spinoza, el filósofo, aseveró que el Hombre siente y experimenta que es eterno. Por si resulta esa una falsa apreciación, escribo para quedarme.

-¿Le gustaría ser sabio?

-Mis amigos José Alejandro Rodríguez y Michel Contreras dirían que lo soy para burlarse de lo que ellos llaman mi vanidad. Pero la sabiduría es una sola: la que se percata de su pequeñez.

-¿Usted se cree pequeño?

-Cuando leo a Martí me sobreviene la desolada sensación de mi pequeñez... Después siento el impulso de seguirlo. Ese es el Hombre: poquedad y ánimo; sumisión y orgullo.

 -¿Pequeñez y mediocridad no son sinónimos?

-La pequeñez es una actitud humilde; la mediocridad, un sentimiento que tiene conciencia de sí cuando percibe el talento en otros.

-¿Cree en la suerte?-Hay personas con suerte para todo y sin talento para nada. 

-¿Teme a la muerte?

-Ya se lo dije: quiero quedarme.

-¿Cuál es el epitafio que más le gusta?

-¿Se empeña en la necrología? Pues bien, me conmueve el de Martín Luther King, Jr. Dice: “Al fin soy libre, al fin.” Resume en seis palabras siglos de especulación sobre la muerte.

-¿Y cuál será el suyo?

-Lo pensé desde muchacho: Soñó mientras vivió y no vivió como soñó.

 -Ha dormido usted, al parecer, muy mal... -Afortunadamente. Quizás por ello he podido vivir. No lo dude: hombre colmado, hombre cansado...

Bien juzgado el experimento, no saldría mal una entrevista con este entrevistador de oficio. Diría, en suma, lo que nunca he podido decir... sobre mí. 

(Tomado del libro Con Judy en un cine de La Habana y otras crónicas de la ciudad)

09/12/2006 22:14 Luis Sexto #. Crónicas



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