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DIME CÓMO HABLAS Y TE DIRE QUÉ JUEGAS

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Por  Luis Sexto

 Uno puede resultar un cubano atípico si es incapaz de tomar el bate con plasticidad y mantenerse en postura eurítmica, como ante un escultor. O  es cubano incompleto si uno  no asiste a un estadio para desgañitarse elogiando o vituperando a cuantos juegan en el terreno o a quienes los dirigen mediante señas sentados en el dogout.

 El béisbol, y entramos en asunto resabido, lo inventaron y reglamentaron en Estados Unidos. Mas en Cuba lo transformaron en pasión, calco ardiente del drama de la vida, y le insuflaron arte, acrobacia, ritmo. El primer partido oficial se desató sobre la hierba de El Palmar de Junco, en la ciudad de Matanzas, en l874. Diez años más tarde era una alborotadora costumbre. Un poema en décimas de Mariano Ramiro, poeta nacido en España en l836 y muerto en La Habana, bautizado de cubanía, en l886, confirma cuán rápidamente la afición adquirió temperatura de fiebre y cómo la terminología inglesa se castellanizó con zancos de siete leguas y las situaciones del juego se trasuntaron en comunicación, expresión coloquial. En dicharacho y metáfora. En símil.

Una espinela, de entre las l2 del poema de Ramiro, dice: “Muchas lindas habaneras/ sienten del juego el contagio/ y hacen amoroso plagio/ de las luchas peloteras./ Al que en frases plañideras/ les declara su pasión/ y quieren meterse en jom/ sin sacramental detalle,/ lo ponen out en la calle,/ y mamá le da el scoom.”

 Hay, pues, un tercer modo de jugar béisbol o pelota. Y de esa manera todos los practicamos aunque desconozcamos las posturas que impone el Jom, o nunca vayamos al estadio o no  nos pongamos descocadamente ante el televisor. Jugamos en el habla o con el habla. La terminología beisbolística, que se ha difundido uniforme y monótonamente durante casi toda esta centuria, se infiltró en nuestra lengua,  y una carga bastante pesada de modismos y dicharachos se balancea en las cuerdas del habla cotidiana, incluso en la tropología, en el cuerpo metafórico del lenguaje, comprendida la norma culta. Porque surge igualmente en un poema, un filme, un comentario periodístico, en una conferencia científica o en un discurso político.

 A nadie le parece raro que un psicólogo diga a un paciente luego de escucharle la tragedia íntima: es cierto, estás en tres y dos. Y con ello le indica que decida pronto y con tino, pues el próximo lanzamiento será la muerte o la gloria. O te embasas o te anulas bajo el abucheo del público. La gloria suprema sería el jonrón, un batazo que deje a los jardineros con las manos en la cintura y mirando al cielo. En la pose de la impotencia. Dar un jonrón. Qué sueño, qué hazaña.  Lo batea también aquel que conquista la mujer más contundente del barrio, o consigue un empleo de lujo...  

Al pitcher que le dan el jonrón le botan la bola del parque. Y a ti te la botan en la vida cuando ante tu argumento la réplica salta inapelable. Pero tú  puedes dejar a tu rival con la carabina al hombro, si la contrarréplica se cuadra tan aguda que aquel enmudece. Se ponchó. Le cantaron el tercer strike, recta de humo, apenas se veía...  

Cuando las cosas necesitan rigor, seriedad, exigencia, se ha de jugar al duro. Pero si usted no quiere inmiscuirse, comprometerse, entonces juega como cargabates. Es decir, juega sin jugar. Usted, muy asépticamente, sólo recoge, guarda, ordena los bate, y otros implementos. Y cuanto más usted anima al que se arriesga en jom o en el box. Desde lejos; en la orilla.

Ahora bien, si espera  jugar en algún momento, usted comienza a calentar el brazo, a tirar pelotas para preparar músculos y facultades. Y lo mismo hace  cuando le prometen una promoción, un aumento de sueldo, un viaje al extranjero: calienta el brazo. Espera el instante en el que el manager haga la seña. 

Algo más  queda por decir. Será para más tarde.

17/11/2006 22:36 Luis Sexto #. Curiosidades



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