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PATRIA Y HUMANIDAD

EL MILAGRO DE LAS MANOS

EL MILAGRO DE LAS MANOS

Por Luis Sexto

La alfarería convirtió al hombre en creador, en señor de las formas, mediante un ritual único basado en el movimiento solitario y concentrado de las manos. De una costilla de barro va el artífice sacando el cuello y las caderas de un ánfora. Lo veo ahora, en el taller de Rigoberto Gómez Sulimán, ámbito bíblico donde  él experimenta con la vida. Como un doble de Dios.

El paisaje se asemeja a aquel primer amanecer humano: la naturaleza lo ocupa todo. Palmas y otros árboles tupen en entorno, y cerca un riacho, afluente del Jaimanitas. Hay olor a leña ardiendo. Olor que convoca  irrefrenables nostalgias. Olor de lo remoto. Olor de abuelo. Estamos en El Cano. En un área donde junto con el cultivo de la tierra se cultivan los caprichos de Sulimán, apellido árabe que puede ser también apelativo de un mago. Porque Rigoberto también lo es. Sulimán el mago. Del sombrero imponderable de sus manos surgen las figuras de arcilla, cuyas vetas amarillentas comparten el espacio con el boniato o el maíz de la finca paterna.

DESDE LA SEMILLA

He venido al predio de Sulimán, porque él es también el guía, el líder de una tropa de alfareros que hoy rescatan los valores tradicionales de El Cano, barrio de atmósfera rural del municipio de La Lisa, que en 1879 fue ayuntamiento y la república de 1902 disminuyó adscribiéndolo a Marianao. Desde su fundación, por un propietario de ese apellido, y también antes, la alfarería empezó a distinguir al poblado. La fabricación azucarera la engendró, cuando varios ingenios sustituyeron a la crianza de ganado menor como principal actividad económica de esa zona del suroeste de la capital. Entonces la purga del azúcar necesitaba miles de hormas de barro. Se levantaron los tejares. Y canarios, mallorquines y andaluces que poblaban el asentamiento, acumularon en las manos la sabiduría de sus ancestros regionales.

En el siglo XIX, el azúcar dejó de producirse en aquellos terrenos llanos y secos. Pero el barro quedó como materia prima con la cual el pueblo amasó su sostén y delineó su distintivo cultural. A la entrada del liceo recreativo, a un costado de la iglesia, tan vieja como el poblado, dos tinajones profundos y anchos como una cueva -donde cualquier Diógenes podría vivir- muestran en el lomo las letras ambiciosas, casi con alas, de épocas pasadas, que confirman la antigüedad de la alfarería de El Cano. Sobre todo la fecha: 1854, año en el que fueron torneados y quemados estos recipientes cuya forma y tamaño se emparientan con los de Camagüey.

EL CALOR DE LOS HORNOS

En una tienda conocida comúnmente como La bodega de los tejaleros, se reunían los artesanos. Tal vez para beber un trago en la tarde. O comprar los alimentos de la jornada o de la semana. Un día de 1945 idearon dedicar una fiesta al oficio, al don milagroso que les permitía mantener a los hijos y les daba identidad comunitaria. Una verbena, una romería, una feria, cualquier acto que mezclara lo festivo, lo religioso y lo laboral. La primera encendió sus bullicios y devociones el primero de septiembre del mismo año. Todavía se celebra. Es una de las tareas del proyecto cultural que integran los alfareros del pueblo y dirige Sulimán.Hace una década, la alfarería de El Cano  olió la extinción en las restricciones de transporte, combustible, electricidad del período especial. Los principales talleres estatales clausuraron su ambiente rojizo y húmedo. Parecía que el pueblo iba a perder la ocupación que las manos de decenas de generaciones habían conservado  por más de dos siglos.  Alrededor del pueblo existen fábricas de gases industriales, de impermeabilizantes, de armaduras de espejuelos, un centro apícola, otras fuentes de trabajo. Pero en El Cano se afirma, como en un juego que es muy serio, que la alfarería será una ciencia, será un arte, para ellos, sin embargo, es una enfermedad incurable. La trasmiten incluso en las escuelas. Y la actividad particular mantuvo vigente el fundacional oficio. Retornaron a las raíces. Leña por electricidad. Unos 40 talleres, con 120 alfareros, continúan amasando, torneando, horneando, el barro. Ahora, también, hay dos talleres estatales.

Aquellos, que mayormente se dedican a la alfarería rústica, utilitaria, fieles a las formas inventadas por los fundadores en el siglo XVIII, no desean que se les conceptúe genéricamente como trabajadores por cuenta propia. Al menos, que se les aplique un enfoque especial. Las características laborales del alfarero no se parecen a las del que moldea, fríe y vende croquetas. Ellos comen del barro. Pero el barro condiciona una organización laboral que exige, incluso la participación familiar. En el taller el que tornea no puede también depurar y amasar la arcilla y además quemarla. Por añadidura, el barro les ha modelado dentro una sensibilidad, un gusto, que trasciende la venta de los jarrones, las macetas, los ceniceros reproducidos en el patio de la casa, a cuya entrada se acumulan, como vista típica,  maderas y palos inservibles para abastecer de calor a sus hornos.

EL ALMA EN LA PIEZA

Según memorias y apuntes, la alfarería artística de El Cano tiene un antecedente en Francisco el Mallorquín. Hacia 1935, este artesano comenzó a embellecer la elaboración tradicional de porrones, tinajas, ollas, freideras, con piezas de vuelo ornamental. Hoy, entre otros, Jorge Gómez Sulimán eligió despegar, sobreponerse a las urgencias puramente utilitarias y añadir al barro alma, imaginación, emotividad. Había iniciado el contacto con la alfarería a principios de la década de los 90, después de nueve años como experto en sistemas eléctricos. De pronto, como les ocurrió a muchos en esos días, su trabajo perdió objeto y recursos. Fue en el taller de uno de sus hermanos donde aprendió los secretos de la arcilla: a mezclar los diversos tipos para conseguir plasticidad y resistencia a las altas temperaturas. Ese ámbito primitivo y contemporáneo a la vez, maquinal y creador, lo cautivó. Aprendió a tornear con el maestro Alexander Maruri. Pero no perseveró en lo funcional. Le exigió más a sus manos. “Descubrí el esmalte, y me volví loco. Me di cuenta de que me permitía expresar más, pero yo quería que fuera a partir de lo tradicional.”  Y las tentaciones lo inquietaron. Torneó un porrón para agua, le abrió una ventana en uno de los costados, y dentro levantó un patio colonial... 

Ante sus manos milagrosas se extienden las planicies del universo sin límites de la cerámica, que es el uso de la arcilla con pasión e imaginación. Cuenta 40 años. Qué habría hecho si viviera los 92 de Juan Tello, el más viejo de los alfareros de El Cano. “La alfarería es interminable. El barro es sorprendente.” Pasa sus manos por la masa, va torneando, y de pronto todo se vuelve un revoltijo. Perdió el creador concentración, o imprimió al torno más velocidad. La alfarería es eso: velocidad petrificada y domeñada por las manos. Pero aún en el fracaso, uno ve líneas artísticas en el barro. Y es lo natural. A ningún dios la obra le sale mal.

4 comentarios

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More important affair, be: Want to depend, on Own effort, personal development. Is it right? I often encourage myself in this way. Hope we can study with each others and make progress together.

Ricardo -

SOBRE CONSUMO, CONSUMISMO Y CONSUMIDORES CONSUMIDOS

¿Quién es el guapo capaz de trazar la raya donde termina el consumo y empieza el consumismo?
Consumir es utilizar comestibles u otros bienes para satisfacer necesidades o deseos; y consumismo es la tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios. ¿Dónde termina la satisfacción de necesidades y empieza el consumo no necesario?

Comer es necesario. Cierto. ¿Y viajar? ¿Ir de vacaciones a Venecia es consumismo? ¿Si? ¿No es necesario? Entonces tampoco es necesario ir de vacaciones a Cuba, con lo cual nos hemos cargado la economía cubana y hemos creado una crisis en la Isla de consecuencias catastróficas.

Comer es necesario, de acuerdo, pero ¿es consumismo comer en un restaurante? ¿Si, también? Entonces estamos creando una crisis en una industria y mandando al paro a miles de trabajadores.

Quiero decir que los limites ente consumismo y consumo son difusos y que llevado a extremos dogmáticos crea mas problemas que soluciones.

Voy a poner un ejemplo de un país comunista: China. China se ha convertido en la fábrica del consumo/consumismo del mundo entero. Su producción está abaratando los costes para los países desarrollados y al mismo tiempo está elevando el nivel de vida de sus ciudadanos que se vuelven consumidores al mismo tiempo que requieren mas fabricas para abastecer su consumo interno. La sociedad de consumo está haciendo despegar a China.

En el caso de Cuba dicen personas con claridad de juicio que para comprar unos zapatos no existe una oferta variada y de calidad, que ante un producto defectuoso el consumidor no tiene ninguna defensa y que zapatos necesita todo el mundo, no solo los ricos. No hay oferta porque no hay consumo. No hay consumo porque no hay dinero. En este circulo vicioso ¿Qué hacer?

Los responsables cubanos llevan muchos años haciendo de la necesidad virtud, de la pobreza ejemplo moral, y del estoicismo el culmen de la dignidad. Están encerrados en una jaula de dogmatismos. Y tampoco es eso. Como decía mi abuelo. Ni tanto ni tan calvo. El que no consume, termina consumido que dicen.

Los responsables cubanos se han pasado años y años proclamando las virtudes de vivir modestamente y despotricando agriamente contra los que viven con un cierto confort de consumos/consumismo. China su homólogo comunista ha demostrado que la economía necesita ciertas dosis de consumismo. Cuba necesita hacer lo propio, pero después de tantos años de publicitar lo contrario, ahora ¿Quién le pone el cascabel al gato?




Ricardo -

DE DIOSES, MAZOS Y RUEGOS.

El mejor alfarero, también el primero fue Dios. El fue quien creo al primer hombre a partir del barro. En la Capilla Sixtina podemos ver como imaginó Miguel Ángel la creación. Un Dios representado por un Venerable Anciano de Luengas Barbas insuflando el alma a su criatura a través de un leve toque de sus dedos.

El hombre se ha dedicado desde su creación a agradecer al Venerable Anciano de Luengas Barbas que lo transformara de un ser moldeado de barro y sin alma a un ser vivo y pensante postrándose de rodillas ofreciéndole toda clase de adoración, alabanzas y oraciones. Así iban pasando los años.

Hubo dos frailes: San Benito y Fray Luis VI que predicaban que no era suficiente con rezar sino que además había que trabajar. Descubrieron un novedoso lema: “Ora et labora” y crearon la congregación de los Benedictinos. “Ora et labora” traducido al mas castizo español es ni mas ni menos que nuestro refrán: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

Aunque el Venerable de Luengas Barbas es Omnisciente, Omnipresente, Topoderoso y Eterno estos dos frailes concluyeron que además de rezar dándole las gracias y pidiéndole comida y salud era bueno y conveniente, por si las moscas el maná no bajaba del cielo, trabajar con inteligencia en lugar de pasarse los días y las noches en rezos y alabanzas.

Al mismo tiempo estos dos sabios frailes también establecieron que no era del todo justo que achacaran todos sus males, hambres y necesidades a Satanás. Pues aunque era cierto que el Maligno los perjudicaba todo lo que podía ellos en lugar de estar siempre quejándose de sus desgracias debían trabajar sus huertos y disponer sus talleres de la mejor manera posible para evitar pasar necesidades y penurias. Todo ello empleando las más modernas técnicas de trabajo, dejando aparte tabúes y dogmatismos.

El Venerable ha prometido al hombre el paraíso. Pero este paraíso de tan lejano no acaba nunca de llegar. El Maligno también ha prometido el paraíso y para ganarle al Venerable la partida esta vez promete el paraíso para hoy mismo. Pero este paraíso ofrecido por el Maligno es un edén fabricado a costa del sufrimiento y a veces, con demasiada frecuencia incluso con la muerte de otros hombres.

Por estas razones San Benito y Fray Luis predican una virtud superior a los simples rezos y alabanzas además de un comportamiento que supere los llantos y lamentos ante los sufrimientos enviados por el Maligno, su magnifico y nunca bien ponderado: “Ora et labora”.

Estos dos santos varones, nunca mejor dicho lo de santos, merecen que su congregación aumente en acólitos. Son hombres valientes y de cristalina inteligencia. Ante su “Ora et labora” yo solo puedo decir con toda vehemencia: “Amén”. Añadiendo un “ora pro nobis” por las dificultades y un “Alea jacta est” por el coraje.

Ricardo -

DE METODOS, RESULTADOS, EFICACIAS Y EFICIENCIAS.

Establece el diccionario que eficacia es la “capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera”. Si ya hemos alcanzado la eficacia es decir lo optimo, la eficiencia sería lograr esos efectos con el menor gasto y el menor tiempo.

Dice Don Luis que con frecuencia no se alcanzan los resultados porque las materias primas no son de calidad o no son suficientes. Tendríamos entonces que una moto sería un coche fabricado por un cubano. Claro al pobre mecánico solo le dieron dos ruedas, ¿qué iba a hacer el hombre? Simplemente hizo lo que pudo.

Busquemos una solución a este grave problema. Cambiemos a los gestores. Cambiemos a los directores de las fábricas.

En vez de poner al frente al que mas grita, al que mas jalea, al que mas dice ¡viva! al que mas dice ¡olé! Al que mas palmas hace, vamos a poner al mas ceñudo, al mas agrio, al mas arisco, al que frunce el entrecejo, al que no sonríe ni aplaude, pero es el mas inteligente, el mas trabajador y el mas capaz.

Para subir la calidad, la eficacia y la eficiencia, hay que bajar el amiguismo, el amigacho, el amigote y el compadre.

Señoras y señores. Pongamos al frente a los mejores alfarareros. A los verdaderos artistas. Aunque el barro en las manos les impida o no quieran aplaudir.