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UN JARDÍN SIN SOLEDAD

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Por Luis Sexto

El nombre de aquélla planicie cortada irregularmente por alguna ondulación no permitía prever que, treinta años después, donde parecía reinar, al menos en la toponimia, la soledad y la muerte, empezó a  florecer un jardín que el tiempo ha robustecido, porque aún perdura a unos 20 kilómetros al sudeste de la ciudad de Cienfuegos, en el centro sur de Cuba.  

Esta historia comienza en 1884. 

Edwin F. Atkins había  elegido  a  aquella comarca con el propósito de levantar un ingenio azucarero.  Si  el nombre del sitio  hubiese despertado en el millonario algún temor supersticioso, habría cambiado de intenciones. Sonaba terriblemente. Soledad del Muerto llamaban a la zona con tierras aptas para la caña de azúcar.  Pero Atkins,  uno de los primeros y más poderosos inversionistas norteamericanos en la isla, pasó por encima de cualquier mala impresión  y edificó el central Soledad. 

El ingenio de Atkins fue condenado varias veces a perecer entre el fuego durante la guerra de independencia de Cuba, en 1895. El millonario se distinguía por incumplir las reglas de la campaña. Y si los libertadores exigían que no hubiese zafra, Atkins cortaba y molía la caña.  Sin embargo, al parecer, ninguno de los generales que operaban por la zona concretó la orden del general en jefe del Ejército de la República cubana en armas. Quizás no pudieron. O el tiempo no les alcanzó.

En  1901 parte de  sus áreas se convirtieron en la Estación Botánica de la Universidad de Harvard, dedicada a experimentar con especies de valor económico y de interés nacional para Cuba. Como la caña de azúcar y el café. Durante muchos años, cerca del central que los insurrectos quisieron quemar, la estación Botánica fue convirtiéndose en un jardín especializado en plantas tropicales, hasta el grado de contener un muestrario casi insólito de  esas especies. 

El bosque creció frondosamente sobre el muerto y la soledad del primitivo nombre, nutriéndose sobre todo de la vocación de servicio de los investigadores y estudiantes que utilizaron sus instalaciones. 

Dedicado ya a investigaciones no económicas de la flora, la Estación Botánica sufrió en 1946 ciertas insuficiencias financieras que los herederos de Artkins lograron subsanar.  Después de 1959, el Gobierno Revolucionario la transfirió a la Universidad Central de Las Villas y poco después a la Academia de Ciencias. En la actualidad, más de  2 000 especies se aglomeran en lo que hoy se nombra Jardín Botánico de Cienfuegos. Predominan los árboles, distinguidos por el exotismo. Sobresale en particular  la colección de palmas, considerada entre las diez primeras del planeta.Especialistas cubanos continúan realizando allí la tarea que las manos de Harvard plantaron. La investigación se dirige ahora a develar los secretos del bambú o de las algas cubanas de agua dulce. O a conseguir mediante la biotecnología racionalmente usada, la reproducción de ejemplares que atraviesan el campo minado de la extinción. O descifrar las propiedades medicinales de la flora.

Del bosque dimana una energía cuyo efecto más señalado en el ser humano es la paz interior.  Uno camina bajo la sombra de tantas frondas que sobrevivieron a los tiempos, y nota que la soledad y el muerto con que comienza esta historia, se transformaron en una obra henchida de vida. 

01/08/2006 10:12 Luis Sexto #. Curiosidades



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