Facebook Twitter Google +1     Admin

COMPAY SEGUNDO: JINETE EN UNA CUERDA MÁGICA

20060401021233-compay-segundo.jpg

Por  Luis Sexto

La vida para Máximo Francisco Repilado Muñoz, Compay Segundo, consistió en el largo oficio de empezar. Nacido en Santiago de Cuba en 1907, nunca miró hacia atrás, y aun unos días antes de morir el 14 de julio de 2003, al preguntarle un amigo cómo estaba, respondió en una frase profundamente cubana: “Aquí, luchando.”  Es decir, tratando de no terminar.

 El resumen de sus 96 años, merecen un doble análisis. El del hombre vital, poseído por  los sueños, y el del músico signado por la vocación de pervivir como jinete sobre un acorde mágico. Abel Prieto, ministro cubano de Cultura, lo caracterizó al decir que “se hizo querer por su mezcla muy particular de autenticidad, de sentido del optimismo, de fe en la vida”.

Nació en el lugar exacto. Entonces la segunda ciudad más importante de Cuba, que reclamaba, con razón, la paternidad del son y el bolero,  sobresalía en el Caribe por la cantidad y autoctonía de sus sonidos. Junto con el canto llano e imaginativo de los pregoneros callejeros, la música de Santiago de Cuba se depuraba en la tradición del son fundacional de La Ma Teodora, que desde hacía cuatro siglos rajando la leña estaba en el ritmático percutir de la madera, a la vez que le aportaba sus rúbricas más distintivas.  Tríos, dúos, sextetos, septetos, pululaban autentificando un cancionero típico, una trova popular, que se dispersaba por el país,  entraba en la capital y la seducía. Era posible asegurar entonces que los músicos no llegaban a Santiago, sino salían de Santiago, o de la región oriental que esta ciudad representaba.

Educado por el ritmo y la sonoridad de su tierra familiar, además de por una academia donde aprendió solfeo y clarinete, Compay Segundo nunca pudo dejar de ser un músico natural.  Un músico a quien la música le podía  significar el modo de vivir, el yantar precario, pero sobre todo el gozo de vivir. Quizás entre comer y hacer música, la opción se echaba del lado de esta, en una como forma de ser o sentirse un hijo o un miembro de Cuba. Temprano integró la banda municipal, y con ella tocó en La Habana durante la inauguración del Capitolio Nacional, esa mole que, si no en la forma, intentó copiar al de Washington en el espíritu fastuoso.

En 1938 junto con Lorenzo Hierrezuelo y dos colegas más componen el cuarteto Hatuey. Y se aposentó también en el ámbito de Miguel Matamoros cuyas canciones  revoloteaban alrededor del mundo en un apogeo del son. En 1949 fundó con Hierrezuelo el dúo Los Compadres. Hacía de voz segunda, esa fantasía que discretamente se oculta tras la cortina de la prima, poniendo una apariencia polifónica. Y de esa función, que duró hasta 1955, le surgió el seudónimo artístico de Compay Segundo, apócope de compadre en el primer término, y nombre de  la voz, en el segundo.

Los músicos a veces pasan de moda, porque de moda pasa la música que cultivan.  Todos podemos preguntar ahora si alguna vez Compay Segundo, dejó de estar vigente.  Aún  con 75 años  soñaba con seguir empezando., porque la gente, decía, se cansará de la estridencia y buscará el alivio de lo que está por encima de los tiempos. El son y la canción trovadoresca eran para él inmortales. 

Su encuentro con Eliades Ochoa y su cuarteto ha sido calificado de providencial.  Ocurrió a fines de la década de los 80. Visitó entonces hasta en la capital de los Estados Unidos.  En los 90, el premio Grammy  al disco Buenavista Social Club propició una explosión mundial de discos empolvados, mas no rayados,  de voces viejas, pero no cansadas. Y el timbre grave, redondo, fresco de Compay Segundo volvió a empezar sobre los infatigables acordes de su armónico, guitarra de siete cuerdas que él, jerarca invencible en la sonoridad más típica de Cuba, inventó en un  toque malicioso de su originalidad que continuará discurriendo en el Chan Chan que removió a París. 

He terminado. Y nada distinto he dicho de cuanto se dijo sobre Compay Segundo. Pero estas cosas las escribí a raíz de su muerte,




Powered by Blogia

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris