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SANTIAGO DE CUBA: EL HUMO Y LA TIERRA

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Luis Sexto 

Toda gran ciudad tiene el agua cerca. Un río. O el mar. Por lo general, el esplendor urbano  ha partido del agua. Y en  Santiago de Cuba, cabecera de la provincia homónima, se cumple esa ya casi elemental característica del desarrollo de las ciudades.  Su bahía viene siendo, con su puerto, uno de los puntos más activos de la ciudad y del país, porque se introduce  en el mar Caribe como una presencia adelantada de Cuba en su zona geográfica. Cerca de Haití, de Jamaica, de República Dominicana  y de la mayoría de las pequeñas islas que integran este “mare nostrum”,  Mediterráneo americano, encrucijada de las rutas del Nuevo Mundo.
De modo, pues, que cualquier mención al desarrollo económico de Santiago de Cuba -la segunda ciudad cubana por su población, con cerca de medio millón de habitantes, y también una de las provincias más populosas por contar con más- ha de comenzar enumerando la terminal portuaria Guillermón Moncada y su posibilidad de constante despegue comercial desde el sur oriental de Cuba, en el espacio de una bahía de bolsa amplia, segura, apropiado refugio contra los ciclones tropicales.
Pero, si para el comercio la naturaleza cedió tan espléndida bahía a la ciudad que la corona española tituló, en el siglo XVIII,  como Muy noble y muy leal,  en el aspecto agrícola fue más avara. Porque  el 70 por ciento de  suelos cultivables son  montañosos. Y de lo cual resulta que la agricultura santiaguera, para los frutos menores de su subsistencia alimenticia, tenga que trabajar suelos de provincias cercanas. Así y todo, las riquezas provenientes de la tierra componen aportes básicos a la economía de Santiago de Cuba.
Durante décadas, la caña de azúcar, el café, los árboles maderables han distinguido la actividad productiva de esta región.  Al asomarse desde un balcón, o desde el Castillo de San Pedro de la Roca –colonial guardián de la bahía-, el visitante se percata del papel de las montañas. Allí, donde termina el mar, empieza la serranía.  Casi sin transición. Y en las alturas cuyo horizonte se difumina entre la bruma azul, el café se cobija en bosques que se agrupan para sumar la principal riqueza silvicultural del país. Y los frutos del cafeto, para ser digno de ese escenario de sombras benéficas, han oscilado en su peso sobre el 40 por ciento de la producción nacional. La industria azucarera, que en la economía cubana ha ido reconvirtiéndose en los últimos años, se ha reducido estratégicamente en Santiago de Cuba.
Podríamos decir que en Santiago de Cuba la economía es agroindustrial. De antiguo se sabe que en la ciudad que fundó Diego Velásquez en 1515,  se combinó la fórmula mágica del ron más célebre y disputado del planeta: el Bacardí. Aún en esta destilería se elabora ese elixir, único aunque haya cambiado de nombre, porque únicos son los suelos donde se cultiva la caña que produce el azúcar y la melaza de donde se extrae el alcohol, y única es el agua, y también única la luz que trasvasa los toneles y facilita la combustión interna del ron santiaguero. Y humean, además,  una termoeléctrica; una  refinería de petróleo; una planta de gas; otra de refinación de aceites. Y también una fábrica de cemento; una textilera que originalmente poseía capacidad para producir 80 millones de metros cuadrados de tejido, y que ahora se adecua a cifras menores, y parte de sus instalaciones se aplican a manufactura diversas, entre ellas la del tabaco. Y una fábrica de equipos médicos, y una de cerveza, y un polígrafo en el municipio de Palma Soriano, y otras industrias menores como las de fósforos, pañuelos, medias, calzado, perfumería y jabonería, instrumentos musicales… Quizás la Feria del Caribe, cita comercial de las Antillas en Santiago de Cuba sea el momento apropiado para tener una visión exacta del desarrollo económico de Santiago.
El inventario económico, sin embargo,  no puede sustraerse de la industria turística. Es un sector dinámico que ha incentivado la economía en todo el país durante lo que en Cuba se ha denominado período especial, etapa de restricciones y austeridad con el fin de proseguir el desarrollo. Y no es posible desconocerlo. Ni negarlo. Santiago de Cuba es una ciudad y una región netamente turística por su belleza natural –playas, montañas, comunicadas por una restaurada red vial- por su riqueza histórica –la Sierra Maestra, el Cuartel Moncada, sitios capitales de la Revolución cubana; el cementerio de Santa Ifigenia donde está enterrado el Héroe Nacional José Martí, y la Ruta del esclavo- y por su cultura donde se mezclan la música –ah, Matamoros, Compay Segundo, el son, el bolero, los coros-, los museos –el Bacardí, el de arte religioso, el del carnaval-, las artes plásticas y la literatura.
Los cubanos dicen que la ciudad de Santiago es segunda y primera.. Fue en un tiempo ya remoto, la capital. Pero aunque sea ahora la segunda ciudad del país, un propósito rige a todos en Cuba, el mismo del poeta español Federico García Lorca cuando visitó a La Habana y escribió en un poema: Iré a Santiago…

18/03/2006 20:17 Luis Sexto #. sin tema



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