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ESCRIBIMOS PARA QUE LA REVOLUCION PERDURE

 Texto completo de la entrevista que  el periodista Oscar Ordóñez le realizó a Luis Sexto, y que publicó el semanario La Época, de La Paz, en octubre de 2005,  en una versión reducida.
¿Sobre qué tipo de terreno ejerce su oficio el periodismo en Cuba, teniendo en cuenta el sistema político?
Cuando la Revolución triunfó en 1959 se convirtió en una causa que mayoritariamente abrazó el pueblo. La Revolución significaba dos cosas fundamentales: el rescate de la independencia, que permanecía  cautiva de los Estados Unidos, y la posibilidad de la justicia social.
Cuba era un país pobre donde la división de clases era sumamente intensa, como intensa era la pobreza, el atraso, con algunas manchas de desarrollo: la capital.
La prensa que venía del pasado desapareció, pero no porque la Revolución la hizo desaparecer, sino,  sencillamente, porque los dueños de periódicos, un año o dos años después del triunfo de la Revolución, se dieron  cuenta de que  aquel era un proceso imparable, un proceso de justicia, y abandonaron el país. Los periódicos quedaron, en algunos casos, en manos de los trabajadores: tipográficos y periodistas. Las filas del periodismo se depuraron también: quedaron en Cuba los periodistas que servían o que ya venían sirviendo a la Revolución desde la guerra, mediante la lucha clandestina contra la tiranía de Fulgencio Batista.
La prensa cubana, paulatinamente,  empezó a recomponerse sobre otras bases. Si la Revolución es un proceso justo que trata de rescatar la independencia, que trata de rescatar los valores nacionales, que trata de imponer la justicia social, la igualdad y la libertad, por supuesto todos los periodistas y el periodismo empezaron a reestructurarse sobre una plataforma de defensa de esa revolución y de las conquistas de esa revolución.
No es lo mismo hacer periodismo desde la oposición que hacer periodismo dentro del poder. Y el periodismo cubano se convirtió en una manifestación que apoya la Revolución y por tanto se reorganiza como un instrumento del poder revolucionario. Y esas fueron las reglas que empezaron a funcionar desde entonces hasta hoy. Los periodistas cubanos, de una forma o de otra, estamos identificados con el proceso de la Revolución. Podemos algunos creer que hacen falta cambios, transformaciones, mejorar las cosas, todo eso es verdad, pero siempre cualquier cosa que se opine o se critique se hace sobre la base de que la Revolución es la que debe sobrevivir,  no sobre la base de que la Revolución tiene que desaparecer. Dentro de ese ámbito se mueve el periodismo cubano; algunas veces con mucha fortuna y otras veces con menos, dependiendo de las coyunturas externas. Es decir, las relaciones con los Estados Unidos son las que hasta cierto punto han impuesto un tipo de prensa ahora y otro tipo de prensa después. Nosotros nos fundamentamos en un pensamiento de José Martí,  el héroe de la independencia de Cuba, pensador continental, hombre grande junto con Bolívar. Martí decía, y cito de memoria: “Cuando el enemigo esté al frente, la prensa calla.”  Y la prensa nacional, la prensa que está comprometida con el país, con la Nación, con la sociedad, en ciertas circunstancias atempera sus libertades, porque puede ser que lo que diga la prensa beneficie, en un momento, más al enemigo que al país. Eso es un pensamiento martiano y nosotros lo hemos tomado como divisa y nos  ha regido en los últimos 46 años. Porque en términos muy exactos podemos decir que Cuba lleva 46 años en guerra, resistiendo a la hostilidad de los Estados Unidos; hostilidad que todo el mundo conoce; hostilidad que sólo persigue un fin: recuperar la colonia que perdieron.
Hasta el año 1958 los mejores hoteles de La Habana estaban dirigidos por la mafia estadounidense.  La mafia tenía un delegado en La Habana: el segundo de Lucy Luciano: Meyer Lanky. La mafia dirigía las empresas hoteleras, los casinos. Cuba era (en esa época, en los años 40) el verdadero puente de la droga entre Europa y América.
 En el año 58 se celebró la famosa reunión de Apalachin, Nueva York, reunión de todas las familias mafiosas de los Estados Unidos, y uno de los acuerdos  fue trasladar a Las Vegas hacia La Habana. Si no llega a insurgir Fidel Castro en  1959, Cuba fuera Las Vegas del Caribe, porque los Estados Unid0s se hubiera quitado ese cáncer que ellos aún tienen en Nevada.
Pero no es todo. Los ingenios azucareros mayores y más productivos,  la compañías de electricidad, la compañía de teléfonos, las fábricas de neumáticos, la minería, las refinerías de petróleo, eran norteamericanos; algunas inglesas, pero todo lo demás era norteamericano. Los norteamericanos  explotaban el níquel. El 25 por ciento de níquel del mundo está en Cuba y lo explotaban los norteamericanos. Cualquier cosa que los americanos hagan hoy contra Cuba es precisamente para recuperar todo eso que perdieron. Además de extinguir el ejemplo de resistencia que Cuba es frente al hegemonismo del Norte. Ese es el problema.
Entonces nuestra prensa ha estado inserta dentro de esa batalla, subordinada a la Revolución. La Revolución acabó con toda esa dependencia y realizó el sueño inconcluso de José Martí. ¿Quién que sea cubano y patriota no estaría dispuesto a sumarse a esa lucha?
¿Se  puede criticar en Cuba a Fidel Castro por su actitud ejecutiva como presidente? 
No es que no podamos criticar a Fidel Castro, es que ninguno de nosotros quiere criticar a Fidel Castro.
¿Por qué?
Precisamente porque Fidel Castro para nosotros resume todo el ideal de la Nación. Para nosotros, Fidel Castro recogió toda esa obra inconclusa de los libertadores del XIX. Fidel Castro consuma la independencia de Cuba. La independencia de Cuba no se consolida con la fuga de los españoles, en 1898; se va España, pero se quedaron los Estados Unidos dentro. Estados Unidos intervino en la guerra de independencia en 1898, cuando los libertadores cubanos ya habían ganado la guerra. Intervinieron para frustrarla, para darle una independencia ficticia en 1902. Una independencia con un apéndice constitucional, la Enmienda Platt, que disponía  que Cuba no podía contraer deudas ni alianzas con ningún otro Estado del mundo, salvo con los Estados Unidos. ¿Qué tipo de independencia es ésa?  Y establecía, además, que Estados Unidos tenía el derecho a intervenir en Cuba siempre y cuando viera sus intereses en peligro. ¿Qué independencia es ésa?
Por eso, Fidel Castro encarna esa voluntad de independencia, “esa voluntad de una república cordial con todos y para el bien de todos”, como quería Martí.
No es que no podamos criticar al presidente  Fidel Castro; yo creo que nuestros conceptos de la vida y de la sociedad son distintos al de otros lugares. Fidel no es un presidente cualquiera. Fidel Castro no es un hombre que apareció en el poder, como resultado de una elección que a veces, en otros países, es fraudulenta, o por la acción de un golpe de Estado. Fidel Castro ha sido precisamente el hombre que ha guiado a la Nación al lugar  donde está ahora, para reconquistar la independencia, para conquistar la consumación  de la justicia social.
¿Por qué fueron apresados y condenados aquellos periodistas que en Cuba en el 2003, tenemos entendido, se manifestaron en contra del régimen cubano?
El problema es que en Cuba no hay una embajada de los Estados Unidos, pero hay una oficina de intereses, desde 1979, establecida durante el gobierno de Jimmy Carter. Es una oficina que trata de resolver los conflictos que se suscitan no yendo como era antes a la embajada de Suiza, que era la que representaba los intereses  de los Estados Unidos en Cuba, sino que  existe cierta relación, aunque es una figura diplomática muy rara; es una oficina de intereses, no es embajada ni consulado. Esa oficina conspira dentro de Cuba por crear, suscitar, una especie de oposición. Eso, por supuesto,  a base de dinero. Los señores contratados, algunos de los cuales están presos, no están presos por ser periodistas, que no lo eran. Al menos la mayoría no lo era. Yo llevo 35 años de periodismo en mi país. Y te digo, que salvo dos o tres, nunca vi al resto trabajar dentro de la sala de redacción de un periódico o estudiar periodismo en la Universidad. Y he sido estudiante de la Universidad, he sido profesor de la Universidad y llevo 35 años escribiendo en los periódicos de mi país. Entonces ¿por qué están presos? No, no están presos por escribir. Están presos porque les cobraban a Estados Unidos por ese trabajo. Estados Unidos les pagaba por ese trabajo, que muchas veces no era un trabajo honrado. Muchas veces no era verdad lo que publicaban. La oficina de intereses les pagaba por ese trabajo. Están presos por una ley que prohíbe el trato con el enemigo, porque no podemos negar que los Estados Unidos le ha impuesto a Cuba una  guerra fría  y a veces caliente.
Si Estados se arroga el derecho de pagarle a alguien dentro de Cuba para que mienta o para que escriba para el extranjero mal del gobierno o de la realidad cubana, creo que el gobierno cubano tiene algún derecho a defenderse. Y hay una ley cubana que dice que si tú tratas con el enemigo eso es punible.
¿Hay periodistas extranjeros en Cuba que pueden trabajar con entera independencia?
Casi todas las agencias de noticias tienen corresponsales en La Habana: AP, EFE, ANSA, DPA, AFP, BBC, periódicos mexicanos, periódicos europeos tienen sus corresponsales en La Habana y  se mueven libremente.
Se han condenado en el mundo las dictaduras militares, como sistemas de gobierno. ¿Estará Cuba en el lado opuesto, es decir, bajo la dictadura del pueblo?
Si  es dictadura del pueblo no debe ser mala dictadura, ¿no? La Revolución cubana ha sido una revolución radical, pero nunca ha cometido excesos. La Revolución cubana no decapitó terratenientes. Cuando triunfó la Revolución, los criminales de guerra, los asesinos, los torturadores de la dictadura de Fulgencio Batista (que sí fue una dictadura, una tiranía) respondieron ante los tribunales por sus crímenes y algunos fueron fusilados. Pero fueron fusilados por crímenes de lesa humanidad. Yo era adolescente cuando el gobierno de Batista. Yo recuerdo lo que era  la policía y el ejército bajo el gobierno de Batista. A un policía no se le podía cobrar un habano en alguna cafetería cuando  iba a comprarlo. Porque podía costarte la vida o pasabas un susto si tú eras el camarero a quien un policía le pedía un habano, y le decía: son 50 centavos, señor. Campeaban por sus respetos. Golpeaban, amenazaban. Aquella era una época en que uno salía de su casa y tal vez no regresaba. Podían confundirte con un revolucionario, o si eras joven levantabas sospechas.  Yo vivía frente a una unidad policial. El 1 de enero de 1959 se abrieron las rejas de esa unidad y se encontraron allí  a torturados, a moribundos, a los que no tuvieron tiempo de asesinar y arrojar al borde una carretera. Eso sí era una tiranía. La Revolución tuvo que defenderse, porque tuvo muchos enemigos desde el principio. No decapitó terratenientes, no; sino nacionalizó las tierras de los terratenientes y las puso en manos de campesinos y trabajadores agrícolas. No decapitó a propietarios de fábricas, como hicieron otras revoluciones. La revolución cubana fue radical, pero no cometió esos excesos. Y gracias a Fidel Castro, que nunca permitió semejantes actos. Pero la Revolución ha tenido que defenderse, porque ha sido muy atacada. Por lo tanto, es lógico que para defenderse se haya tenido que readecuar algunos derechos en Cuba o algunas libertades. Eso es verdad. Y eso se debe a la obligación que tiene la nación de sobrevivir. Por ejemplo, nosotros tenemos cierto control migratorio, porque el proceso migratorio no puede ser, por ahora,  igual que en Bolivia, por ejemplo.
¿Por qué?
Por la sencilla razón de que un proceso migratorio abierto puede ser una puerta del enemigo, ése que te quiere destruir. Y evidentemente algunas restricciones de las cuales se habla responden a una necesidad de la defensa de la Nación, aunque los cubanos salimos y entramos. Y creo que la gente lo entiende. Y hay que verlo así: un país que se defiende de una hostilidad perenne, nunca desmentida, real, cierta, activa. Si Estados Unidos dice que mi país no puede recibir un préstamo del Banco Mundial ni del FMI, si Estados Unidos dice que barcos de bandera extranjera que entran en Cuba no puede entrar hasta seis meses después en puertos norteamericanos, ¿cómo llamamos a eso? Eso es agresión, eso es bloqueo. Eso es guerra económica. La guerra tiene diversas caras, diversas manifestaciones. Eso es querer ahogar, asfixiar a un país. Por ejemplo, la ley Torricelli, que trata de estrangular el comercio. Después está la ley Helm-Burton, que trata de estrangular la inversión extranjera, las relaciones económicas  de otros países y Cuba.
¿Y cómo le va a Cuba en sus relaciones internacionales con el resto de los países?
Cuba recibe colaboración de Venezuela y de China. Tiene tratados comerciales con decenas de países. Cuba vende, Cuba compra; hay inversiones extranjeras canadienses, mexicanas, españolas, italianas en Cuba que son las que predominan, y sobre todo en el desarrollo del turismo, en la industria jabonera, y otros sectores hay algunas inversiones extranjeras. El petróleo se está investigando, se está perforando con ayuda de ciertas empresas extranjeras. Es decir, hay inversiones en las que el Estado cubano, defendiendo siempre los intereses de la nación, posee la mayoría de las acciones. Claro, esas relaciones están hostigadas, limitadas por los Estados Unidos y sus leyes contra la economía cubana.
Llama la atención los balseros, ¿Por qué se escapan de Cuba?
Escapar no es el término exacto. Porque esa política de hostilidad, de agresividad económica, de bloqueo económico, ha hecho que Cuba esté viviendo siempre con grandes dificultades materiales. Mientras  existieron la Unión Soviética y el campo socialista esas necesidades se paliaban por el apoyo y las relaciones económicas que existían entre Cuba y la Unión Soviética. Pero al desaparecer el campo socialista, con la Unión Soviética a la cabeza, tú tienes que pensar que Cuba se ha quedado como el pintor que está pintando un techo a quien le quitan la escalera y se queda agarrado de la brocha. Y Cuba quedó agarrada de la brocha a partir del año 90, cuando desaparece la Unión Soviética y con ella el justo y gran comercio  que había entre Cuba y la Unión Soviética. La Unión Soviética nos proporcionaba la materia prima, nuestras inversiones industriales, las piezas de repuesto… El combustible: trece millones de toneladas de petróleo al año a cambio de dos o tres millones de toneladas de azúcar.
Había un comercio justo. Y todo eso desaparece. Y ¿de dónde sacar el combustible?, ¿de dónde sacar esto?, ¿de dónde sacar aquello, las piezas de repuesto para las fábricas? Y la economía cubana se empezó a resentir velozmente, y el PIB cayó un 35 por ciento en pocos años. Todo eso ha hecho que la gente viva (si no muy mal)  en cierta situación de pobreza. Pero  la pobreza de los cubanos es distinta al de otros países. Los cubanos somos pobres, a veces tenemos dificultades para conseguir un pantalón o un par de zapatos o una libra de carne. Pero nuestra pobreza es muy relativa, porque si mi hijo se enferma yo no tengo que preocuparme por eso, porque el Estado va a atender siempre la salud de mi hijo sin cobrarme un centavo. Y si no tengo dinero para pagar la renta de la casa no me preocupo por eso, porque en Cuba la mayoría de la gente ya es dueña de su casa. La Revolución nos hizo dueños de la casa, ya no pagamos renta. Entonces nadie va a venir a botarme de mi casa porque no puedo pagar la renta. La pobreza en Cuba es distinta a como yo la veo aquí en Bolivia.
Muchos de nuestros hijos, desde que cumplen los cinco años, tienen el derecho de educarse gratuitamente en el Sistema Nacional de Educación y no terminan hasta los 23, cuando salen graduados de la Universidad con un empleo. Actualmente existen en Cuba más de 600 mil profesionales, entre ellos mucho  más de 60 mil médicos. Ya ves, la nuestra es  una pobreza relativa, pero hay gente que quiere vivir mejor, quiere tener autos, comodidades, entonces emigran. Son emigrantes económicos.
Siempre hubo flujo migratorio en Cuba, antes de la Revolución. Es decir, que la emigración no comenzó en 1959. Por ejemplo, en 1957, el embajador norteamericano declaró a la revista Bohemia que ese año había otorgado 20 mil visas a trabajadores cubanos. Entonces había casi un millón de desempleados.  La revolución solucionó muchos problemas, pero hay gente que ha querido vivir mejor. La mayoría de los emigrantes no se han marchado por problemas políticos, sino de tipo económico. En el fondo influyen las carencias materiales.   Y existe la otra causa: la gente piensa emigrar cuando cree que puede emigrar. Porque Estados Unidos le ha dado a Cuba facilidades migratorias que no le ha dado a ningún país del mundo. Entonces esas facilidades estimulan la emigración.
La Ley de ajuste cubano, aprobada por el Congreso norteamericano, en 1966, dice que un cubano que toque suelo norteamericano, sea por la vía que fuese, tiene derecho a la residencia. ¿Qué quiere decir eso? ¿Cuál es la consecuencia de esa ley? El estímulo de la emigración, sobre todo de la emigración ilegal, que es la que le conviene a ellos, porque da la impresión de un pueblo en estampida. ¿Qué sucedería si hubiera una ley de ajuste boliviano, o mexicano, o salvadoreño? La respuesta es obvia, creo.
Si usted  tuviera que señalar tres errores  de la revolución cubana, ¿cuáles serían?
Sería demasiado presuntuoso de mi parte señalar tres errores de la Revolución cubana, a la que tanto le debo en lo personal.  Y a la que tanto le debe mi país. Pero no puedo negar que mi país afronta problemas. Cuba no es un paraíso, pero sus problemas no son sólo de su responsabilidad, también es la responsabilidad de otros. Yo creo que sí, que quienes han dirigido la Revolución han cometido errores. No son dioses. Son hombres con una misión bajo circunstancias excepcionales. A mí me parece (y eso hay que ponerlo entre comillas) que “el gran error, el gran pecado de la Revolución cubana es haber querido dar más de lo que ha podido dar”. Eso es un pecado de idealismo, querer resolver los problemas, a veces, sin tener el medio, sin tener la economía desarrollada. Siempre las políticas sociales tienen que adecuarse a la economía de un país. No puede haber una política social por encima de la economía. Ése es un error, quizás  entre comillas, pero daña.
Otro pecado, a mi juicio, es haber concebido o haber permitido una desviación: que la igualdad emparejara a todos los hombres y se convirtiera  la igualdad en igualitarismo. Vivimos en una sociedad donde la gente tiene que esforzarse muy poco para merecer las cosas. Y eso vuelve a ser un pecado de idealismo, no es un error de maldad, sino de idealismo. Convertir la igualdad en igualitarismo, todo el mundo por igual, sin establecer un distingo entre el bueno y el más bueno, entre el que más produce y el que menos produce. Eso tiene que ver con la concepción de una política social, universal, que por momentos ha estado por encima de una posibilidad, y que no le supo dar al individuo el espacio necesario para merecer las cosas. No de recibirlas gratis, sino merecerlas. Creo que por ahí andan los errores de idealismo. La economía no es un asunto de idealismo; es una fuerza material y demasiado contundente para que el idealismo la pueda dominar. Eso es un pecado. Pero se pueden cometer errores  queriendo hacer el bien. Creo que, en efecto, las mejores intenciones han guiado a los que en este caso se han podido  equivocar en decidir una política social por encima de posibilidades materiales, y una economía un tanto enfocada desde posiciones idealistas, queriendo ir más rápido de lo que se podía, que es el tercer error.  Las etapas de tránsito entre el capitalismo y el socialismo son muy largas. Quizás los cubanos hemos querido correr demasiado. Es posible. Ese es mi pensamiento. Y de esto he escrito en Cuba
¿Y hay una forma de solucionar esto, si es que este detalle constituye un problema para Cuba?
Sí, es un problema para Cuba, porque eso –hasta cierto punto– retrasa  el desarrollo de la sociedad, de la economía.
¿Qué tipo de solución le encuentra usted a este problema?
Yo creo que la solución tiene que partir de nosotros mismos, los cubanos que seguimos fieles a la Revolución y que necesitamos que la Revolución perdure para preservar la independencia y cuanta obra buena se ha levantado en los últimos 46 años. Me parece que debemos modificar ese enfoque de conceptuar la igualdad como igualitarismo. Fidel, últimamente, ha hablado con franqueza sobre este problema. Preservar la igualdad esencial entre todos los ciudadanos, el derecho  de tener todos los derechos, pero ser también objeto de distinción a la hora de remunerar, de premiar, de elegir al más esforzado, al más eficiente. Y no que la justicia ande junta y revuelta con ciertas inconsecuencias sociales.
¿Pero acaso eso no es influencia de la globalización?
Eso es influencia del socialismo soviético que intentó hacer eso. Eso heredamos del socialismo que fracasó. Y que, al decir de un viejo comunista cubano muy culto, Carlos Rafael Rodríguez, que fue vicepresidente del Consejo de Ministros hasta su deceso,  “Ahora hemos venido a saber que el socialismo en la Unión Soviética fue mal concebido y peor realizado”. Y a nosotros nos tocó un poquito de esa mala concepción y de esa mala realización, porque tuvimos una identificación muy grande con la Unión Soviética. Porque gracias a la Unión Soviética sobrevivimos a la hostilidad, a la guerra norteamericana. Y esas cosas tienden a pasar. Si tú me ayudas y yo te agradezco, indiscutiblemente de alguna manera tú vas a influir en mí, porque yo siempre voy a estar en una posición subordinada, de gratitud, porque te debo y tú puedes influir, traspasar mis ideas. Eso es lo que pasó.
Podemos enmarcar esos errores ahí, en el plano del idealismo, al enfocar la economía, al enfocar la sociedad, un idealismo que trató de correr, de apurarse, trató de resolver de un plumazo todos los grandes problemas de la sociedad, sobre todo de una sociedad subdesarrollada como la nuestra. Un país con una herencia colonial, que todavía tiene presencia en Cuba. Eso es lo que podría decir en estricta honradez y haciendo uso de la libertad que la Revolución me garantiza.
Los cambios, claro,  tienen que partir de una revisión del enfoque, pero esos cambios están condicionados por la actitud de los Estados Unidos. Porque cambios en Cuba, cambios de propiedad, apertura hacia el mercado, cosas que podrían hacerse, pueden debilitar la unidad interna. Y ese es el argumento de los líderes de la Revolución. Hoy Cuba es un Estado muy centralizado. Pero en estos momentos es necesario. Yo no creo que el exceso de centralismo sea útil y productivo, pero también ciertas circunstancias están condicionando un Estado centralizado para poder conservar la unidad monolítica frente a la agresión de una gran potencia.
Llama la atención, de acuerdo con lo que nos cuenta, ¿cómo es que Estados Unidos no invadió Cuba de manera exitosa?

Tal vez porque saben que no tendrían ni una onza de simpatía en Cuba y en el resto del mundo, y sí toparían con toneladas de fuego y resistencia.  A mi parecer,  están apostando al desgaste. Desgastar a Cuba económicamente, que se vaya consumiendo

 

 

 

 

 

 

04/03/2006 14:38 Luis Sexto #. Política



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