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VIRTUD

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Luis Sexto 

Las noticias suelen olvidarse al otro día. Por ello —afirman los especialistas en valores del Periodismo—, nada más viejo que un diario acabado de salir de las máquinas. Por lo tanto, una noticia verdadera —aquí, entre nosotros— es esa que días después de publicada permite el comentario. ¿Quieren un ejemplo? Esta: La sociedad Cultural José Martí entregó hace una semana más o menos la distinción La Utilidad de la Virtud a varios ciudadanos e instituciones sobresalientes.

¿Es esa verdaderamente una noticia?, podría preguntar un lector suspicaz, habituado al concepto catastrófico de la información periodística. Sí, compañero; dónde está la noticia si la sangre no nos tiñe, ni la tragedia nos conmueve, ni la injusticia nos pone a temblar de ira o de impotencia. Es, sin embargo, una noticia. Y por serlo, el periodista puede, una semana después de conocida, apuntar alguna opinión.

De improviso se me ocurre que el primer tanto hemos de asignárselo al nombre: La Utilidad de la Virtud. Un nombre de firma martiana que nos conduce sin transición a la eticidad con que Martí enriqueció y conceptualizó todos sus actos.

Es posible que alguien piense que la virtud es una palabra arcaica, que ya, en nuestro mundo casi moderno y pretendidamente posmoderno, virtud es un vocablo de resonancias medievales o religiosas. Fuera de moda. Sin uso. ¿Virtud? Baaah, qué cosa más vieja. Ranciosa. Y de ahí, de ese probable cuestionamiento, la distinción La Utilidad de la Virtud gana su mayor vigencia. Empieza a establecer un vínculo evidente y constructivo entre la existencia social y el comportamiento personal. Los distinguidos han de ser ciudadanos virtuosos, en sintonía, mediante su quehacer —literario, artístico, académico, laboral— con las aspiraciones más acendradas de la sociedad; ciudadanos en consonancia con la tradición ética de la nación cubana, que surgió de la honradez, el desprendimiento, la austeridad…

Y por estar relacionada, aferrada a la tradición nacional, a lo más prístino de la cubanía, esta distinción que otorga la Sociedad Cultural José Martí reduplica su papel promocional. Estamos en circunstancias en que la virtud —la fuerza moral— se disuelve, se amengua en algunos o en muchos de nosotros. Hablo de la virtud que va más allá de la fidelidad matrimonial y la lealtad entre amigos, para erigirse en santo y seña de la honradez social. La virtud en cuya semilla pervive la solidaridad y la abnegación, que no pide más que aquello que el trabajo proporciona y que incluso impulsa a repartir cuanto de poco uno pueda poseer.

Cuando Martí escribió en el prólogo de Ismaelillo que creía en “la utilidad de la virtud” nos estaba legando una norma de cubano comportamiento. Nos advertía que la supervivencia de la nación tendría como inexcusable requisito un caldo de honradez. Podemos necesitar cosas. Puede el país debernos aún soluciones, oportunidades, para cristalizar nuestros legítimos empeños individuales. (Cierto, los déficit influyen negativamente en la moral.) Pero las cuentas hay que calcularlas en la dirección inversa. No contando con los dedos cuánto me deben. Más bien, enumerando en la conciencia cuánto debo, si queremos que la virtud siga siendo noticia. Y sobre todo rasero. Arma.

 

01/03/2006 19:36 Luis Sexto #. Política



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